La historia de José “Pepito” Reyes y el nacimiento de una forma de hacer comercio en Vecindario
Hoy la Avenida de Canarias es uno de los espacios comerciales más reconocibles de Gran Canaria. Miles de personas la recorren cada semana, los escaparates se suceden uno tras otro y resulta difícil imaginar que hubo un tiempo en el que gran parte de este paisaje aún estaba por construir.
A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Vecindario comenzaba a transformarse. El crecimiento económico del sureste atraía a familias procedentes de distintos puntos de la isla. Con ellas llegaban también comerciantes, emprendedores y trabajadores que veían en este lugar una oportunidad para empezar de nuevo.
Entre ellos estaba José Reyes Rivero.
Mucho antes de que Modas Cristal se convirtiera en una referencia para varias generaciones de vecinos, Pepito ya había aprendido que los negocios no se construyen únicamente con mercancía, sino con confianza.
Su historia comenzó lejos de los escaparates, en una Canarias donde vender significaba recorrer caminos, cargar mercancías y conocer personalmente a cada cliente.
Un niño, un cesto de higos y el primer negocio
Cuando se habla de la historia comercial de Vecindario casi siempre aparecen nombres de negocios, fechas de apertura o fotografías de antiguos escaparates. Sin embargo, antes de que existieran los comercios que hoy forman parte de la identidad del municipio, hubo personas que aprendieron a vender mucho antes de tener una tienda.
José Reyes Rivero, conocido por todos como Pepito Reyes, fue una de ellas.
Nació el 21 de octubre de 1932 en Madrelagua, Valleseco. Allí transcurrió una infancia marcada por la cultura del esfuerzo, en una Gran Canaria donde el trabajo comenzaba desde muy temprano. Con apenas doce años emprendió el camino hasta Teror con un cesto de higos para realizar su primer negocio. Aquella imagen, sencilla y cotidiana para la época, acabaría convirtiéndose en el primer capítulo de una vida dedicada al comercio.
Cuando el comercio caminaba
En los años cincuenta no existían plataformas logísticas ni grandes superficies. El comercio viajaba por los caminos.
Con un fardo de telas al hombro, Pepito comenzó a recorrer Juncalillo, Artenara y los pequeños pagos de la cumbre. En 1953 encontró en Las Arvejas un pequeño espacio donde guardar las mercancías antes de iniciar cada jornada de venta ambulante.
Transportaba driles, sargas, muselinas, percales, batistas y cretonas, pero también llevaba encargos, noticias y conversaciones. Aquellos recorridos le enseñaron que un comerciante no solo debía conocer sus productos; debía conocer a las personas.
Fue en esos caminos donde construyó algo mucho más valioso que una clientela: una reputación basada en la confianza.
Rosa, el otro pilar del proyecto
A comienzos de la década de los sesenta contrajo matrimonio con Rosa Díaz Almeida. Con ella formó una familia de cinco hijos y una sociedad silenciosa que resultó decisiva para el futuro del negocio.
Mientras José recorría la isla vendiendo de casa en casa, Rosa atendía la pequeña tienda instalada en una habitación de la vivienda familiar. Allí recibía a los clientes, organizaba los pedidos y confeccionaba ropa de cama con las mismas telas que él transportaba durante sus viajes.
En una época en la que muchas mujeres sostenían empresas familiares desde la discreción, Rosa desempeñó un papel esencial para que aquel proyecto pudiera seguir creciendo.
El tesoro escondido
Los primeros años estuvieron marcados por el sacrificio.
Había pocas oportunidades, escasos recursos y muchas horas de trabajo. Sin embargo, entre aquellas piezas de tela José encontró algo que él mismo identificaba con el pasaje evangélico del tesoro escondido.
Aquella referencia bíblica resumía su manera de entender la vida. La fe fortaleció un compromiso que trasladó también al ámbito empresarial, convencido de que la honestidad, la palabra dada y el servicio a los demás eran tan importantes como cualquier venta.
El mismo viaje que hizo una generación
A finales de los años sesenta, la crisis agrícola provocó que numerosas familias de la cumbre buscaran nuevas oportunidades en el sureste de Gran Canaria.
José Reyes formó parte de ese movimiento.
Como tantos otros vecinos dejó atrás su tierra para comenzar una nueva etapa en Vecindario, un núcleo que entonces experimentaba una profunda transformación gracias al crecimiento demográfico y comercial.
Llegó a un lugar que estaba construyéndose apenas.
Muchos de aquellos nuevos vecinos procedían de los mismos pueblos donde él había trabajado durante años. La confianza que había sembrado caminando por la cumbre encontró continuidad en las calles de un Vecindario que crecía día a día.
Novedades Reyes
En 1970 dio el paso más importante de su trayectoria.
Gracias al apoyo de la expansión económica del momento y a la confianza de uno de sus principales proveedores, don Rafael, de Almacenes Cardona, abrió Novedades Reyes en la Avenida de Canarias.
Detrás de aquella inauguración había casi treinta años de aprendizaje.
El pequeño establecimiento era la materialización de una historia construida a base de kilómetros recorridos, puertas tocadas y relaciones personales cultivadas durante décadas.
La evolución hacia Modas Cristal
El comercio siguió creciendo al mismo ritmo que Vecindario.
Veinte años después, en 1990, nació Modas Cristal, un nuevo formato comercial que recogía la experiencia acumulada y respondía a las necesidades de un municipio que ya se había consolidado como uno de los principales referentes comerciales del sureste de Gran Canaria.
Desde entonces, varias generaciones de vecinos han cruzado sus puertas.
Han cambiado las colecciones, las formas de comprar y los escaparates, pero permanece intacta la esencia de un proyecto familiar nacido del trabajo constante y de la cercanía con las personas.
Un legado que también pertenece a Vecindario
La historia de José “Pepito” Reyes trasciende la de una empresa familiar.
Forma parte de la historia de aquellos hombres y mujeres que contribuyeron a construir el tejido comercial de Vecindario cuando el municipio comenzaba a definir su identidad.
Su legado continúa vivo en Modas Cristal, pero también en la memoria de quienes recuerdan una época en la que el comercio se hacía mirando a los ojos, recorriendo las calles y entendiendo que la mayor riqueza de un negocio nunca fueron las mercancías, sino la confianza de quienes volvían una y otra vez a cruzar su puerta.
Del escaparate al asociacionismo
A finales de los años ochenta, cuando el comercio de Vecindario comenzaba a consolidarse como uno de los motores económicos del sureste de Gran Canaria, José Reyes comprendió que ningún establecimiento crecería de forma aislada. La competencia no estaba entre los comerciantes de la avenida, sino fuera de ella. Era necesario pensar como colectivo.
Con esa convicción participó en la creación de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Vecindario (ASCOIVE), convirtiéndose en su primer presidente. Aquella decisión marcaría un antes y un después para el comercio local. Bajo su liderazgo comenzaron a sentarse las bases de una organización que defendía los intereses comunes del empresariado, impulsaba campañas conjuntas y reivindicaba un modelo de ciudad en el que el comercio fuera parte esencial de la vida social.
Décadas después, ASCOIVE continúa representando a cientos de empresas y promoviendo proyectos de transformación como Webcindario 35110, demostrando que aquella visión inicial no solo sobrevivió al paso del tiempo, sino que sigue evolucionando con las nuevas generaciones.